domingo, 22 de septiembre de 2013

LA MADRE Mª ANGELA ASTORCH

LA MADRE Mª ANGELA ASTORCH



Tenemos en el centro de Murcia, en un rincón del paseo del Malecón, exactamente en la calle Alcalde Gaspar de la Peña, 26 , (junto restaurante El Soto, y la piscina Murcia Parque), el convento de las monjas Clarisas Capuchinas, y es allí donde se puede venerar el cuerpo incorrupto de la madre Mª Angela Astorch.

Porque cuento esto? porque en esta época de crisis y penurias, mucha gente le da por ir a los videntes/sanadores/tarotistas/ocultistas...etc, con la consecuencia inmediata como puede ser, que le estafen a uno por creer en estas cosas. Pero yo creo, que lo que hay que hacer es confiar más en los santos. Santos modernos de a pie, ciudadanos del mundo, completamente desconocidos y olvidados de nuestros saberes.

Esta monja, gran mística y beatificada por Juan Pablo II , es la gran olvidada para muchos murcianos, que ni saben que existe. Por el contrario sé de gente de fuera de Murcia, que le tienen un gran fervor y que no entienden como muchos no la conocen en su tierra.



Pero hablemos de su vida. Nació en el seno de una acomodada familia de Barcelona (luego marchó a Murcia), siendo la menor de cuatro hermanos. Su padre, Cristóbal Cortey, era librero de profesión; su madre, Catalina Astorch, era heredera universal de Pedro Miguel Astorch, con la condición de conservar el apellido en la descendencia. Ambos murieron en el transcurso de cuatro años, dejando huérfana a María Ángela, pasando al cuidado de un ama en Sarriá.


En 1599 por una intoxicación fue dada por muerta. Su hermana Isabel Astorch, que era monja en el recién fundado Monasterio de Capuchinas de Barcelona, junto con la fundadora del mismo, Ángela Serafina Prat, acudieron al entierro. En medio de los preparativos María Ángela retornaría a la vida, y el milagro sería atribuido a las oraciones de Ángela Serafina.


A partir de entonces adquirió una madurez anticipada y una alta capacidad, que hace pensar que se trataba de una niña superdotada. Aprendió a leer y hacer labores; tenía gran afición por la lectura, especialmente de libros en latín. Escribió varios libros pero en 1655 dejó de escribir con el pensamiento de su próxima muerte. A partir de 1660 fue perdiendo sus facultades hasta acabar en un estado infantil. En 1661 renunció al cargo de abadesa. El 21 de noviembre de 1665 sufrió una hemiplejía recobrando plenamente sus facultades mentales. Murió el 2 de diciembre de ese mismo año después de recibir los sacramentos. La ciudad de Murcia se volcó en su entierro, pues el pueblo tenía gran estima por la Madre Fundadora, como era popularmente conocida. Se le dio sepultura en tierra, en el coro bajo.


En 1668 se inicia el proceso diocesano para su beatificación, que concluye en 1670. En 1683, con permiso del obispo, fue desenterrado el cadáver y colocado en un nicho en el presbiterio de la iglesia. Al reconocerlo, descubrieron que permanecía incorrupto. En 1725, 1729 y 1745 tienen lugar nuevos reconocimientos. Entre 1759 y 1771 se realiza un nuevo proceso diocesano para su beatificación, y nuevos reconocimientos del cadáver.


En 1773 tiene lugar la promulgación del decreto de aprobación de los escritos. En 1776 tiene lugar la promulgación de un segundo decreto de aprobación de los escritos. El 29 de septiembre de 1850 se la declara oficialmente Venerable.


En 1890 se presenta el milagro necesario para la beatificación. Tras su estudio sería aprobado en 1926. En 1936, con el estallido de la Guerra Civil se para el proceso. Su sepulcro fue profanado (me han contado que los "rojos" sacaron su ataud y lo tiraron a la calle pensando así que se destrozaria, pero el cuerpo cayó intacto y se horrorizaron) y el cadáver fue llevado al cementerio común. Gracias a la audacia de un marmolista que separó los restos de los demás, y al médico Plácido Ruiz Molina que había observado el cadáver antes de la profanación, fue posible identificarlo al concluir la contienda en 1939.


En 1979 se vuelve a presentar el milagro ya aprobado. Nuevos médicos lo estudian dando un dictamen favorable el 21 de febrero de 1980. Por fin, el 23 de mayo de 1982 Juan Pablo II la beatifica en la Plaza de San Pedro.


Tengo que decir, que no da miedo verla, un poco de impresión quizás la primera vez, está embalsamada y tiene una capa de cera en su cuerpo y cara, pero que permite notar hasta las venas de los pies bajo las medias.


Esta mujer fué muy piadosa, generosa y humilde en vida, que se interesaba por los demás, y eso mismo sigue haciendo desde su tumba. Según cuentan, sigue ayudando a todo el mundo que le reza y le pide ayuda.


Teneis en varias web las oraciones para rezarle, pero yo cuando le he pedido por mí y por mis causas siempre le rezo lo que sé. Creo que es la fé de cada uno la que le llega a través de la oración, no la oración en sí. Asi que pienso que merece la pena ir a visitarla y compartir con ella nuestras penas. Al fin y al cabo ella está en mejor posición que nosostros para ayudarnos.